Un dragon con

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Nota: ¡Ojo! las paginas de los capitulos estan en desorden.
Ahí está. Azul, tanto como el cielo que se llena de negro nubarrones, como el mercurio toxico, venenoso. Tan azul, tan frio y ajeno.
Es hermosa, una belleza madura de la primavera avanzada que parece anunciar otoño pero congela el tiempo y queda ahí, tan sublime e intimidante.
Es ella. A la que desposo hacia ya varios años y nunca a conocido realmente. Que le hace sentir como un ya anciano profesor de simbología que ve pasar lo que resta de su vida en un proyecto inalcanzable.
-“Mucho trabajo ¿He?”—Pregunta con la ceja arquead y las piernas cruzadas. La copa de vino se agita en sus delgadas y largas manos tan propias de una experta pianista que sin embargo nunca ha tocado ni una sola pieza
-“Mañana hay junta de comité, todos estamos muy estrados”—Ella asiente ¿Qué otra cosa sí, no? Y sonríe, como últimamente; forzada y enigmática, con el carmín resaltando el blanco de su dentadura
-“Es razonable”—Dice ahora llevándose la copa a los labios. Y ahí aparece, como aire glaciar haciéndole entrar en pánico. Aquella única mirada con una única ceja alzada, los labios entreabiertos y un aura de completo control.
-“Estoy cansado”—Advierte temeroso y ella siente de nuevo, desinteresada, conocedora. Y mientras se cambia siente la filosa mirada azul de la que llama su amada.
La puerta se abre con un leve ruido, pasan apenas un par de minutos y voltea al umbral. Ojala no lo hubiera hecho. De pie, siempre de pie; con ese aire de grandeza, esta ella, copa en mano, cabello negro resbalando como seda sobre su espalda. Dibujando una sonrisa de superioridad.
Lo sabe.
Mentira.
Lo sabe
¿Cómo podría?
Y sale del cuarto con paso firme, decidido—“Ya lo sé”—Le confirma ¿Qué? Prefiere ignorarlo. Da un pequeño brindis, al aire; junto a una penetrante mirada llena de recelo y sigue su camino.
Para él, la carcajada sin sentido que escucho a lo lejano, no fue más que un sueño.
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